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Revista Jurídica LaLiga
MIÉ 08 ENE | FUTURO
La alianza del fútbol emoción con el fútbol sensación
La alianza del fútbol emoción con el fútbol sensación

José Ramón Fernández García
Jefe del Área Contencioso Laboral de Adif

En esta época tan fragmentada es difícil distinguir en cualquier cuestión qué es real y qué no lo es, todo se conforma en complejas Matrix donde confluyen virtualidad y múltiples realidades. Y el planeta-fútbol no puede sustraerse a ese escenario, por eso el viejo balón, aceptando riesgos, busca corporeidades más leves capaces de atravesar el denso e indescifrable futuro.

Y en ese viaje desde los orígenes hasta la actual ciber-comunidad mestiza, hay que aceptar roles más difusos para todos, entre protagonistas y espectadores, entre narradores e intermediarios. Son nuevos territorios desconocidos que han convivido sin demasiadas intersecciones y en los que todos van a ser a la vez actores, figurantes y público. Al mismo tiempo, ocurre que una parte central del núcleo se desplaza de la tradición, de sus persistentes raíces emocionales, a otros lugares más efímeros vinculados al espectáculo. Es el tránsito de la memoria del hincha que también requiere inmediatez, la tendencia que teje la alianza del fútbol-emoción con el fútbol-sensación.

Como en el fútbol conviven dos realidades, lo que sucede y lo que quieres que suceda, y como es un depósito sentimental, individual y colectivo, ofrece algo único, trascender ambas en un solo acto cada partido. Así conviven y difícilmente uno mismo distingue cual es más verídica. Lo que realmente ocurre engendra otras realidades, unas distorsionadas, embellecidas; otras épicas, sofocantes, intensas. Un acto con infinidad de vidas vividas en planos diferentes.

Y en ese partido, el fútbol-sensación cada vez es más importante, porque es instantáneo, fugaz y se adapta al mismo tiempo que lo hace la ligereza de la sociedad. Se va configurando un escenario distinto que ya no solo atiende a las metalúrgicas emociones del esfuerzo, a los principios inquebrantables de lealtad por encima de derrotas y victorias, al sacrificio esculpido por el frío y el barro. Sin embargo, aún es pronto para ver con precisión esa transformación, si ese rumbo será el mejor, lo único seguro es la dificultad para articular una alternativa diferente que pueda sobrevivir.

Nunca fue sencilla la cohabitación entre negocios e ideales, pero los dos se necesitan, y aunque la influencia de cada uno aumenta o disminuye según el momento, acaban conviniendo alianzas que suavizan las distorsiones en los alrededores. Ninguno de los dos se amenaza verdaderamente. El peligro real viene cuando gana la ansiedad por teatralizar, el dramatismo y la separación que agota e impide disfrutar, olvidar que es un juego, que nadie gana siempre, que el azar configura una escalera de éxito muy distinta por escasos centímetros. 

La realidad parece que es lo que tienes, lo que haces, pero esto hoy también cambia, y no solo en el balompié. El arraigado concepto de tenencia se transforma en otro más voluble de pertenencia. En las diversas tramas digitales que confluyen no se posee, se usa, pagas por usar, tampoco vendes, te compran. Ese es el paradigma que será difícil evadir.

Y así hasta llegar al gran desafío, cómo pueden convivir los lazos sentimentales, los vínculos emocionales fuertes con sus imperfecciones y una pertenencia sin tanta trascendencia, un mundo sensitivo, de impresiones con efectos que los sentidos puedan captar inmediatamente. Sin duda, el progreso será para quien mejor resuelva la ecuación en las proporciones adecuadas. El camino está indicado, se mantienen los equipos y la pertenencia mutua, transparente, con sus códigos y su mitología, pero compatible con formas más inmateriales llenas de simbología pop, pero también evasivas, que puedan combatir el aburrimiento con un consumo rápido.

Es la alianza deseable que evite separaciones dolorosas y las deserciones del cansancio que se atisban. Porque el fútbol en sí es un juego simple, pero tiene la posibilidad de añadir sentimientos mejorados, la teatralidad, la épica, los sueños, puede ser la famosa espada del barrio, de la ciudad o del país que describió Galeano. Y ahí, en esos suburbios híbridos entre hechos y palabras, es donde se agranda hasta la enormidad. El juego es real, absolutamente real para una minoría, pero al considerar la perspectiva de la mayoría de los espectadores, aunque se siente y experimenta como real adquiere una mezcla adictiva y difusa de ficción, realidad y acto creativo.

También por su alcance, es el juego el que ofrece mejores recuerdos emocionales, constitutivos y, por tanto, para siempre incuestionables. Aunque no sepas como has llegado hasta ellos, una vez que aparecen no desconfías de su identidad, de su fiabilidad en el mar de interinidad y fugacidad que nos acecha. Y, por eso, la constelación-fútbol es un buen espejo donde anticipar el futuro, un gran escenario donde ver si la irrupción de la seducción estética triunfa, si la dinámica acelerada de la moda y las sensaciones a gran escala necesitan depender menos de las raíces, de la tradición y de su fuerza estructuradora.

La cuestión es si el corazón está amenazado, si se destruyen las raíces del sentido, si el hecho de que no haya ya nada grande o sublime irá dejando sin recuerdos, si el legado inmaterial es desorbitado y debilitador, y solo deja lo desechable, la anécdota insignificante y, sobre todo, si ha llegado para quedarse.

La Matrix real del fútbol, la que no es ficción, sin duda tiene el final abierto, pero no está exenta de riesgos, porque cuesta discernir a qué llamamos "realidad" y, además, empieza a no tener corporeidad. Pero, en definitiva, “fútbol es fútbol”, cualquier epílogo debe concluir que quizá sólo es lo de siempre en los tiempos de ahora y, por supuesto, que es un mundo sin límites, donde cualquier cosa es posible en el futuro.

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