Futuro | 12 ENE 2019

¿Cómo será el fútbol profesional del futuro?

Alfredo Relaño
Director Diario AS

Está, en primer lugar, la tecnología, con su movimiento uniformemente acelerado. Ya ha entrado en el arbitraje, vía VAR, y será cada vez más intrusiva. Tendrá más papel, acabará controlando todo el arbitraje, cuando se le ofrezcan tantas jugadas de comparación como a una computadora de ajedrez y decida según los precedentes.

El big data se va apoderando de la selección de jugadores. Los técnicos disponen de un programa: Mediacoach, que detalla el cuándo, el dónde, el cuánto, el porqué de lo que hace cada jugador en cada zona del campo. Incipiente, en realidad. Se le meterán más datos, dispondrá sobre entrenamientos, descansos, alineaciones, sustituciones, fijará salarios… y trazará desde la niñez la posición de destino del jugador, según sus características físicas. El viejo instinto del entrenador tendrá cada vez más apoyo y menos margen.

Los estadios estarán dotados de un servicio tecnológico completo para el aficionado, que dispondrá de una aplicación para recibir en su localidad productos de marketing o comida rápida. Dispondrá, lo mismo el del campo que el de casa, de toda esa información del Mediacoach, para conocer todos los datos de cada jugador, desde cuántos regates le ha ganado Fulano a Mengano en su carrera, hasta por qué lado para Zutano o deja de parar los penaltis que le tira Perengano.

Habrá gafas, al modo de las tridimensionales, que permitan al espectador situarse en el punto de visión que quiera. En el banquillo, por ejemplo. O sobre el larguero, en un penalti. O en los ojos del que enfrenta a nuestro jugador favorito. O en los de éste. Y se incorporará a la transmisión la voz de los participantes, como ya se van desvelando las conversaciones entre árbitro de campo y árbitro de VAR.

En las competiciones viviremos una pérdida progresiva de las locales en favor de las internacionales. Esa tensión que vivimos desde hace tiempo. Los campeonatos nacionales tienen el bastión de la Premier, pero la tendencia es a complacer cada vez más a los veinte clubes más ricos a costa del resto. Y en los grandes clubes ingleses ya no mandan románticos con amor a la tradición, sino inversores extranjeros.

Habrá muy pronto un Mundial de Clubes amplio, con veinte o más participantes, en lugar del modelo actual. Y el Mundial de Selecciones tendrá muy pronto 48. Las Selecciones se estratificarán en divisiones, con ascensos y descensos, en un desarrollo del modelo de la incipiente Liga de Naciones.

Los grandes clubes fortalecerán sus academias, ficharán jugadores cada vez más jóvenes, desarrollarán su formación bajo programas sofisticados, en los que convendrá que quede un lugar para lo “excepcional”.

Se atacará la duración de los partidos. Ya lo insinúa De Laurentis. Ya se habla de 60 minutos en dos tiempos, para ‘no fatigar’ la atención del espectador. Como los goles suelen llegar en los finales de los dos tiempos clásicos, se agrandarán las porterías, a fin de hacerlos más fáciles. Y se discutirá (ya se ha hecho) sobre si bajar a diez jugadores.

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