Futuro | 21 SEP 2018

¿Cómo será el fútbol profesional del futuro?

Alberto Palomar OlmedaProfesor Titular Acreditado (ANECA) de Derecho Administrativo. Universidad Carlos III

La pregunta clave es ¿cómo será el fútbol profesional del futuro? La respuesta, como la de cualquier predicción del futuro de un negocio o de una actividad económica no es sencilla. Pero vale la pena proyectar una opinión.

El futuro es, sin duda, un proceso tecnológico. El VAR y algunos otros instrumentos están suponiendo una revolución en la tecnificación de la actividad deportiva. El futuro está, sin duda, en el aprovechamiento al máximo de la tecnología y en la seguridad de los procesos.

El futuro no puede ser aleatorio, ni humano, ni incierto. En un mundo como el que se nos avecina el futuro debe ser cierto, seguro, tecnológico. La razón es muy sencilla: la pasión, la asunción de las limitaciones o el orgullo son los valores que han vertebrado la vida del deporte profesional pero hoy, seguro, y mañana, mucho más, el deporte es una actividad económica muy sería, muy importante en la que existen fortísimos intereses económicos que conviven con factores sociales y humanos de la mayor relevancia.

Es cierto que el fútbol profesional no puede perder su pasión, ni su vinculación con las sociedades en la que se inserta, ni la eventual representación de comunidades, pero es igualmente cierto que detrás de esto hay entidades económicas que están en el mercado, que se financian en condiciones de mercado, que asumen posiciones económicas complejas y que, finalmente, llevan a muchas personas a tener un interés económico claro y nada ocultable.

El fútbol profesional necesita encontrar un equilibrio entre la pasión irracional y los intereses económicos de una colectividad o de una sociedad. Este equilibrio necesita asumir como normal que existan beneficios económicos, que se modulen las inversiones, que exista estrategia deportiva vinculada a la económica y que, finalmente, la economía y la administración de la entidad deportiva tengan una importancia compensada con los intereses deportivos.

El fútbol profesional, en esta década, ha dado pasos de gigante en administración, gestión, profesionalización y estructuración de los equipos y de las relaciones con la sociedad y con los propios deportistas. Pero esta evolución no es suficiente y todo lo que se haga en materia de control, transparencia, exigencia de responsabilidades, etc. es, aun hoy, poco.

La gobernanza en general y el control y seguimiento del cumplimiento, en particular, son elementos que van entrando muy tímidamente en la actividad deportiva y, sin embargo, son instrumentos esenciales de compromiso y aseguramiento de la actividad económica. Aquí queda mucho por hacer y podemos indicar que se trata de instrumentos y técnicas que han venido para quedarse y que se irán incrementando más que perdiendo.

Finalmente, el deporte profesional y el fútbol necesitan incorporarse a los esquemas y sistemas de financiación actual. El capital, como fórmula de financiación exclusiva, ha dado un escaso margen y exige “normalización” de la obtención de ingresos tanto en el ámbito de los mercados de capitales como las diversas fórmulas que se van conociendo.

El futuro es una combinación de tecnología, normalización de la actividad académica y, claro está, una pasión manifestada de otra manera. Esperemos acertar.

 

 

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